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. . . ILEGALES - Todos Están Muertos

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... HENRIETTA YURCHENCO




"Los pueblos indígenas de México fueron conquistados por los españoles 
en el siglo XVI y han estado interactuando 
y mezclándose con estos ‘extranjeros’ por más de 400 años.
 Dado que originalmente eran pueblos numerosos, no fueron aplastados y destruidos, 
como fue el destino de muchas tribus indígenas en los Estados Unidos,
 y la sangre indígena persiste todavía en grandes proporciones
 en la población mexicana.


 La cultura indígena, no obstante, en gran medida ha desaparecido..." 

Henrietta Yurchenco 





Fecha de nacimiento: 22 de marzo de 1916, Estados Unidos
Fecha de la muerte: 10 de diciembre de 2007, Manhattan, Nueva York, Estados Unidos

Educación: Yale School of Music
Álbum: Mexico: The Real Mexico in Music and Song

Por: Ma. Guadalupe Gómez Q.
CIMAC | México DF.- 12/12/2007
Ahí donde había riqueza, sentimiento, alegría o tristeza, traducidas en los cantos y sonidos de la música folclórica y tradicional de los pueblos indígenas de México, hasta ahí se trasladó durante más de medio siglo la doctora Henrietta Yurchenco, etnomusicóloga estadounidense, quien murió anteayer a los 91 años de edad. 

Con interés humano y científico, vagó por selvas y serranías, incluso a lomo de mula, cargando equipos de grabación de hasta 100 kilos de peso, para maravillarse al entrar en contacto con una de las manifestaciones más profundas de la humanidad, convirtiéndose en una importante estudiosa de la música tradicional mexicana. 

Yurchenco dedicó más de medio siglo de su vida a estudiar y a dejar testimonio grabado de la música de los pueblos indígenas cora, huichol, seri, tzotzil, tzeltal, rarámuri y yaqui, así como tarasco y mestizo de Michoacán, y zapoteca y mestizo de la zona del Istmo de Tehuantepec. 

Con su trabajo logró no sólo recuperar para la posteridad los cantos y música de nuestro país, también concluyó, por ejemplo, que el pueblo purépecha 
-donde la voz femenina tiene gran importancia-
 es uno de los más musicales del mundo y su música una de las más vitales. 

En 1990 donó a la Fonoteca, que lleva su nombre, del Instituto Nacional Indigenista (hoy Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas) su archivo de música indígena y sus reportes de campo. 

TRAYECTORIA

Nació Henrietta en New Heaven, Connecticut, Estados Unidos, en 1916. A los 9 años inició sus lecciones de piano y en 1936 se casó con el pintor argentino Bassilio Yurchenco. Ingresó a la David Mannes Music School y más tarde fue productora de programas musicales para la WNYC, radiodifusora pública de Nueva York, donde creó un programa de música folclórica, el primero en su tipo en la historia de la radio estadounidense. 

En 1942 inició sus investigaciones sobre música folclórica y tradicional, que dieron como resultado la grabación en material magnetofónico de interpretaciones de músicos –hombres y mujeres-- de 16 grupos indígenas de México y Guatemala. 

Realizó programas de radio sobre música latinoamericana para el Instituto Indigenista Interamericano en México y la Unión Panamericana; dictó conferencias en universidades, seminarios y congresos en Estados Unidos, Corea, India, en Latinoamérica, el Caribe y Europa. 

Investigó también la música del pueblo sefardí en España, Islas Baleares y Marruecos. Condujo, entre otros, el programa radial Folk Music of Abroad, para la estación WBAI y para las estaciones de Pacífica Radio, así como Music of Many Lands para la estación de radio Heritage National Network. 

Producto de su trabajo con la música de Michoacán es su primer libro A Fiesta of songs from Latin America and Spain. 

En los años 70 fue a Sudamérica para grabar música de las comunidades negras de la costa de Colombia, así como música infantil en Ecuador. En 1981 lo hizo con la música ritual de la comunidad maya de Yaxcabá. 

Apenas hace tres años fue homenajeada en México, en el Palacio de Bellas Artes, donde presentó un libro sobre su vida y un disco compacto con algunas de sus grabaciones de campo. 

En mayo de 1994 visitó nuestro país para dictar una de sus célebres conferencias, que fue publicada en un boletín del INI y de la cual, por supuesto, hay un testimonio grabado en la Fonoteca Henrietta Yurchenco de la CDI. Éste es un fragmento: 

MEMORIA DE MIS PRIMEROS VIAJES

Me había dicho el antropólogo Paul Kirchoff que en Tepoztlán había un teponaxtli (tambor) muy viejo. Durante siglos este instrumento había estado en la milpa, hasta que con el tiempo y los gusanos casi quedó arruinado; los vecinos lo quitaron del lugar y lo guardaron detrás del altar de la iglesia. Después comisionaron a un carpintero para hacer otro igual. 

Yo fui a ver al carpintero a su casa. Allí me enseñó muchos instrumentos que había hecho: el teponaxtli, flautas de tubos, trompetas de hule, tambores grandes de hacer y pintados, en fin, instrumentos, muchos de los cuales no sonaban. 

Cada semana, durante años, este señor iba a pie hasta el Museo Nacional, donde copiaba los instrumentos pintados en los códices para luego hacer réplicas. Y los tocaba en las fiestas. "muy bien", yo le dije "¿pero con qué música los tocan?". El señor se quedó pensando. "Ay, señora, la semana entrante tendremos una junta. Entonces decidiremos". 

Yo también fui en busca de la música del México prehispánico, pero de otro modo: con máquina grabadora. Entre 1942 y 1946 hice investigaciones entre las tribus más aisladas de este país y de Guatemala. 

Mi primer encuentro con el México indígena fue en Oaxaca, a donde fuimos en diciembre de 1941 para ver la feria indígena de esta entidad federativa. Era la época de la Segunda Guerra Mundial, todavía muy remota para México. 

Vinieron grupos de mixes, mixtecos y zapotecos de las siete regiones de Oaxaca a bailar y tocar sus instrumentos. Recuerdo muy claramente que los músicos que llegaron de México, entre ellos Blas Galindo y Luis Sandi, escucharon los tambores y flautas, quedaron insatisfechos, pues para ellos lo más importante era encontrar la música prehispánica, música que ya no existía en 1941, o que no llegó a la feria. 

Regresé a México entusiasmada por lo que había visto en Oaxaca y en poco tiempo conocí antropólogos, músicos, al mundo intelectual. El interés en el México indígena fue enorme y universal 
la música, artesanía, danza, pintura
 a mí también me dio la fiebre. Fuimos a las fiestas indígenas, buscamos joyería, tejidos, cerámica en los mercados, por ahí y por allá. 

En la sección de música de la SEP me platicaron sobre las investigaciones ya hechas por Roberto Téllez Girón, Domínguez y otros, entre seris, coras, purépechas. Desgraciadamente no hicieron discos de sonido, todo fue escrito en pentagrama. 

De repente llegó un amigo ingeniero de Nueva York con una máquina grabadora, una Fairchild. Con la ayuda de Benito Coquet, director de Bellas Artes, y el rector de la Universidad de San Nicolás, en Morelia, hice mis primeras grabaciones en tierra mexicana. 

Tanto la máquina Fairchild, como el Presto, que después me mandó la Biblioteca del Congreso de EU, tenían defectos: eran de tamaño grande, pesaban mucho, y para hacerlas funcionar requerían de dos pilas y un convertidor o motor de coche, gasolina y discos. En total, llevábamos más o menos cien kilos. 







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